sábado, enero 31, 2009

Sospechas uterinas


El acostumbrarse a que todo sea facil y sencillo tiene una consecuencia directa: nos conviert en presa fácil. Es decir, rebaño que no necesita de perro pastor. Las presas dificiles son las que más gozo aportan al cazador.


Ser presa significa sufrir o padecer algo, aunque en el terreno sexual ese sufrimiento puede ser reconducido hasta convertirse en un placer inexplicable. La dialéctica del ser presa y del dejarse cazar fundamenta el la teoria del flirteo. Aunque hay que ser imaginativos con el juego para que no acabe en simple conquista coital.


Pd: paisajes púbicos y redondeces de nalgas de John Kacere

viernes, enero 23, 2009

Pop porno



Pd: lo que hay que aguantar para echarse un baile.

lunes, enero 19, 2009

I love Ballard



Creo que el texto és algo largo para un blog pero también creo que merece la pena leer poesía de JG. Ballard

"Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.

Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.

Creo en las pistas de aterrizaje olvidadas de Wake Island, señalando a los Pacíficos de nuestras imaginaciones.
Creo en la belleza misteriosa de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas nasales y el borde de su labio inferior; en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos; en las sonrisas perturbadas de los empleados de estaciones de servicio; en mi sueño sobre Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado, observados por un empleado de estación de servicio tuberculoso.

Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus fantasías, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo de las góndolas de supermercado; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.

Creo en la muerte del mañana, en el acabamiento del tiempo, en la búsqueda de un tiempo nuevo en las sonrisas de las mozas de los bares de las rutas y en los ojos cansados de los controladores de tráfico aéreo en aeropuertos fuera de temporada.

Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la Princesa Diana, en el suave olor que emana de sus labios cuando miran a las cámaras del mundo entero.

Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas del Apolo.

No creo en nada.

Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, de Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon, y en todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del mundo.

Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica.

Creo en las adolescentes, en la corrupción que hay en ellas sólo por la postura de sus piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros que sus partes pudendas dejan en los baños de moteles miserables.
Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que alguna vez haya volado, en la piedra arrojada por un niño pequeño que lleva en sí misma la sabiduría de los estadistas y de las parteras.

Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.

Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.

Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.

Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.

Creo en los diseñadores de las Pirámides, el Empire State, el bunker del Fuhrer en Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.

Creo en la fragancia del cuerpo de la Princesa Diana.

Creo en los próximos cinco minutos.

Creo en la historia de mis pies.

Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el temor a los calendarios, la traición de los relojes.

Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperanza.

Creo en las perversiones, en el amor obsesivo por los árboles, las princesas, los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.

Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.

Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.

Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.

Creo en el dolor.

Creo en la desesperanza.

Creo en todos los niños.

Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, tableros de horarios de vuelos, carteles indicadores de los aeropuertos.

Creo en todas las excusas.

Creo en todas las razones.

Creo en todas las alucinaciones.

Creo en toda la rabia.

Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías y evasiones.

Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la amabilidad de los árboles, en la sabiduría de la luz."

Pd: la película del principio está en mi mesita de noche esperando un momento inspirado, creo que por lo menos no me va a dejar indiferente.





lunes, enero 12, 2009

Guerra de sexos

mrs Lisa Lyon por Mapplethorpe

Helena Cronin es una filósofa de la ciencia que tras muchos años de estudio ha llegado a la conclusión que la evolución darwiniana es la causante de las diferencias entre hombres y mujeres. Su teoría se articula mediante estas 4 diferencias básicas:
  1. Diferencia de talentos: los hombres tienen más capacidad para el "pensamiento tridimensional" lo que le da ventaja en matemáticas e ingenierías. Las mujeres, sin embargo tienen más capacidad para las lenguas (eso nos hace hace aventajarnos en el terreno del engaño, la culpabilización, la verborrea, etc, etc)
  2. Diferencia de gustos: en esencia se trata de que a los hombres les gustan las cosas y a las mujeres las personas. Por esta razón las mujeres prefieren trabajos que les permitan relacionarse con otras personas como en la venta directa al público o en campos como la medicina, las humanidades o las leyes (¡de ahí vendrá la pasion que tienen tantos hombres hacio los coches!)
  3. Diferencia de temperamentos o actitudes: ellos son más competitivos, obsesivos y ambiciosos, ellas más dispersas (eso nos permite poder estar chateando mientras estamos al tanto de la lavadora y nos hacemos la manicura)
  4. Las colas: por último encuentra una diferencias más que se basa en la estadística. Ella demuestra que para los hombres la diferencia entre el mejor y el peor en cualquier área es muy grande. Las mujeres, sin embargo son más similares entre si. Es decir hay más hombres premios Nobel pero también hay más necios, En las empresas los hombres ocupan los puestos más altos generalmente... pero también los más bajos. Y como colofón: esta teoría explicaria porque hay muchos más psicópatas asesinos hombres que mujeres.
Estas són las palabras de Cronin entrevistada por Eduard Punset en Redes:


"Sí, obviamente, eso es, pero generalmente de esto no se habla cuando se critica que las mujeres no estén en los puestos más altos. Cuando las supuestas feministas se quejan de que los hombres están en los puestos más altos, y dicen que si los hombres están ahí es porque hay machismo, nunca explican por qué también son los hombres los que están en la parte más baja del escalafón. Si lo entendemos como parte de la “distribución de las colas”, entonces entenderemos que no tiene nada que ver con el machismo sino que tiene que ver con esta gran diferencia entre hombres y mujeres, y cómo se distribuyen estadísticamente en todas esas áreas en las que hombres y mujeres son distintos."

martes, enero 06, 2009

Regalos indecentes

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